Los Caminos de Santiago: El Camino Portugués

La cuarta entrega de la serie sobre los caminos de Santiago comienza en el vecino Portugal y está marcada por la presencia de la piedra, las guerras y los aniversarios; además es la primera ruta que realizo en solitario.


Ruta moterus

La hora prevista de salida era las ocho de la mañana, pero el cansancio acumulado en la semana laboral hace que me despierte a las ocho y media, así que comienzo la ruta como siempre en A Coruña con una hora y media de retraso sobre el horario previsto. Esta circunstancia me obliga a utilizar la autopista A9, la vía que vertebra la realidad gallega para unos y la resquebraja para otros, ya que la mayor parte de la industria, la población y el desarrollo se sitúan al oeste de la misma. La Autopista del Atlántico cumple este año treinta primaveras, pero no será la única celebración de la ruta. Viajar por esta autopista no sale barato, creo que es una de las más caras de España y a esto hay que añadirle el excesivo consumo de mi X8 en autopista, pero lo importante es que hasta mi primer destino, Padrón, recupero tres cuartos de hora, y a la llegada al país vecino ya he recuperado el total.

La barca de piedra

Padrón es uno de los más importantes lugares jacobeos, ya que es el último pueblo destacado en la ruta a Santiago en el Camino Portugués y el final de la Ruta Marítima del Apóstol, el Camino que llega por mar y que obviamente nosotros no podremos realizar con scooter. Al ser el ecuador de la ruta hasta la frontera portuguesa, he programado aquí un descanso y al mismo tiempo aprovecho para visitar los lugares relacionados con el Camino. La villa famosa por sus pimientos tiene el honor de ser la cuna de grandes personajes de la literatura, como han sido Macías el Enamorado, Rosalía de Castro o el premio Nobel Camilo José Cela , pero esto merece ser contado en otra ruta que llamaremos de los literatos y que espero los responsables de Solo Scooter me permitan publicar aquí; en esta crónica nos limitaremos a conocer los lugares relacionados con Santiago el Mayor.


Mi primera visita me lleva al Monte Santiago, popularmente conocido como Santiaguiño do Monte, en donde se encuentra una ermita, una fuente y grandes rocas relacionadas con un antiguo culto pagano que se han convertido en objeto de peregrinación. En la entrada del área recreativa se encuentra una copia del Pedrón que visitaré más tarde y que da nombre al lugar. Desciendo hacia el río dejando a mi derecha el monasterio franciscano de Herbón, en donde se encuentra el albergue de peregrinos; al cruzar el puente nos encontramos con la Iglesia de Santiago, de estilo neoclásico, aunque con orígenes en un templo del siglo X, destaca por albergar en la parte baja de su altar mayor el Pedrón, un miliario romano en donde se dice que ataron el cabo del barco que traía los restos del Apóstol y de sus dos discípulos. Según la leyenda este barco era de piedra y así se representó la Traslación desde entonces, pero obviamente una barca de piedra no navegaría así que debemos explicar esta tradición diciendo que es fruto de un equívoco ya que el barco realmente transportaba piedra.


Después de un rápido tentempié me dirijo de nuevo a la autopista para recuperar el tiempo perdido, en vez de abandonarla en la salida de Tui, cruzo el puente de la frontera hasta la salida de Valença do Minho, la primera de las ciudades portuguesas, a mi izquierda dejo La Fortaleza y en la glorieta del centro tomo a la izquierda en dirección al puente de hierro que atraviesa el Miño. Inaugurado en 1888, es obra de Eiffel, tiene forma de cajón alargado por la que circulan los trenes en su parte superior y por su parte inferior los automóviles.


Pasado el puente, me dirijo al Parador de Turismo para continuar por el camino original. En el centro de remo situado al lado del parador, hay mucha actividad, reflejada también en las piraguas que surcan el río Miño; a este lugar era donde llegaban las barcas con peregrinos portugueses antes de la inauguración del puente de hierro. En la ciudad de Tui, una de las siete capitales del Reino de Galicia, aparco en la zona monumental, muy cerca de la catedral. En ese momento se está celebrando una boda, con lo cual me es imposible entrar y visitar sus torres, algo muy recomendable si queréis ver una magnífica postal del Miño y de la Fortaleza.



La catedral es un templo fortificado que comenzó a construirse en 1120 y fue consagrada en 1232. Lo más impactante del edificio exteriormente es, además de su carácter de fortaleza, la portada occidental en donde se encuentra la más importante composición iconográfica del arte ojival gallego. Callejeo por las rúas de piedra y apenas admiro una décima parte de los edificios de Tui que merecen la pena ser visitados, ya que el tiempo apremia.

Salgo de la ciudad esta vez por la N-550 en dirección a Pontevedra, carretera que no abandonaré hasta el final de la ruta.Mi próximo destino es Porriño, ciudad que ha crecido a expensas de Vigo, ya que al carecer la capital olívica de suelo, se han creado en este lugar innumerables polígonos industriales animados también por su situación próxima a la frontera. Lo único que podemos reseñar de Porriño es su casa consistorial realizada en granito del lugar, pero no con la piedra que se exporta a todo el mundo de color rosa, sino con la clásica de color gris. El albergue de peregrinos es moderno así que no merece mi atención, por lo que abandono el pueblo, muy animado en sus plazas por múltiples partidos de minibasket.

Dos referentes gastronómicos

Después de quince kilómetros de ruta, llego a Redondela, ciudad que se encuentra celebrando la Festa do Choco, una fiesta gastronómica en la que se degustan jibias y que invita a quedarse, pero centrémonos, hemos venido a visitar su albergue de peregrinos, un edificio señorial de estilo renacentista (Siglo XVI) en el que encuentro varios peregrinos portugueses. También relacionada con el culto al Apóstol tenemos la iglesia de Santiago, del siglo XII en origen pero que ha sufrido numerosas remodelaciones y ampliaciones posteriores en los siglos XV y XVIII, otros edificios importantes del lugar son los pazos y conventos que por tiempo no visito.


Sin abandonar el ayuntamiento de Redondela continúo mis pasos hacia Cesantes, pasando por debajo del auténtico símbolo de la ciudad que son los dos viaductos del ferrocarril que cruzan la villa; son auténticas obras de ingeniería construidas en el XIX, para su tiempo representan un alarde técnico tanto por su diseño como por los materiales empleados. Una vez en Cesantes, dirijo mi moto a la playa, un arenal de casi dos kilómetros y medio desde donde se contempla el Mar de Vigo del que os ilustraré en estas páginas.

Me tomo un aperitivo en un mesón situado frente a la playa, es un lugar interesante para comer, pero el hecho de viajar solo hace que me incline por una comida a base de bocata en un área recreativa situada justo enfrente. Sin compañía no hay sobremesa y sin sobremesa cualquier comida rápida es bienvenida, por otra parte, desde aquí puedo observar a los windsurfistas, así la comida se hace más amena. Frente a mí se pueden ver también las islas de San Simón y San Antonio unidas por un puente; hablando de puente, también puedo ver pese a la intensa bruma el puente de Rande que he cruzado esta mañana en mi viaje a Tui por autopista. Es importante por ser el primer puente de Europa de cimentación directa, colgado de enormes cables que permiten ver la tensión que soportan, de fallar alguno puede ser cambiado en sólo unas horas. Estaba previsto ampliarlo este año pero con la actual crisis económica junto con otras circunstancias de diversa índole, dudo mucho que se realice.


Alimentado el cuerpo, salgo en dirección a Arcade por indicación de un lugareño, este pueblo es muy famoso por sus ostras, aunque las autóctonas han desaparecido y ahora se cultivan foráneas. Como el que para otros es un manjar para mí no es santo de mi devoción no he planificado parar aquí y sí desviarme de la ruta para visitar el Castillo de Soutomaior.

Un hito histórico para Galicia

El castillo de Soutomaior, hoy propiedad de la Diputación de Pontevedra, está íntimamente ligado a la figura de Pedro Álvarez de Soutomaior, conocido popularmente como Pedro Madruga. Primero eclesiástico y luego caballero feudal, defendió a Juana la Beltraneja en contra de Isabel la Católica. A mi llegada al castillo está cerrado, su horario de tarde comienza a las cinco, pero yo no puedo esperar hora y media en este lugar, ya que mi hoja de ruta me sitúa en Pontevedra a esa hora. Así pues después de fotografiar el exterior de la fortaleza, regreso a Arcade para continuar por la N-550 en dirección a Pontevedra, a la salida del pueblo de las ostras, nos encontramos ya con otro famoso puente.



El puente de Pontesampaio tiene los pilares romanos y su remate medieval, pero su importancia no radica en su arquitectura, sino por ser un lugar de importante relevancia histórica. En el momento de leer esta crónica, se cumplen 200 años de la batalla de Pontesampaio, los días 7 y 8 de junio de 1809 un ejército formado por paisanos y universitarios gallegos consiguieron derrotar al poderoso ejército francés al mando del general Ney. Los gallegos somos muy hospitalarios, pero cuando hay que ser belicosos, al igual que Pedro Madruga, llevamos la palma; sin medios –es famoso el cañón hecho con madera de roble utilizado aquí- consiguieron no sólo ganar la batalla sino expulsar de Galicia a las tropas de Napoleón. Si en España los franceses permanecieron seis años, en Galicia menos de nueve meses. Como anécdota, desde entonces a los perros en la Galicia rural se les llama Ney.



Continúo mi marcha llegando a Pontevedra con el olor desagradable de la celulosa, hace tiempo que no la visito pero mi orientación no me falla y aparco la moto al lado de la alameda. Todo el casco histórico se ha peatonalizado, así que no me queda más remedio que caminar. El primer edificio importante que visito son las ruinas de Santo Domingo, todo el lugar está cercado por lo que parece un aparcamiento subterráneo, sigo por el ayuntamiento y me paro en la Real Basílica de Sta. Mª la Mayor de finales del siglo XV, una de las más bellas iglesias renacentistas de Galicia; tras ayudar a abrir la puerta de la iglesia a una señora que parece ser la encargada, contemplo su fachada, un impresionante retablo pétreo en donde se cuenta el Tránsito o Dormición de la Virgen. Esta iglesia fue mandada construir y sufragada por el gremio de los mareantes, es por ello que en la fachada también aparecen las figuras mitológicas de Hércules y Teucro, del último se dice que fundó la ciudad.


Mi paseo continúa por plazas señaladas como son la de la Verdura, la Leña y la Herrería para desembocar en el santuariode la Peregrina, iniciada su construcción a finales del XVIII, mantuvo una advocación ligada a las peregrinaciones a Compostela. De esta relación con la peregrinación adopta una planta en forma de vieira o concha del peregrino, símbolo del Camino de Santiago. Apetece quedarse en este otro mar de piedra, pero ya estoy cerca de mi moto, así que habrá que retomar la marcha.

Salgo de Pontevedra, esta vez con olores de azahar, cruzando el río Lérez a mi paso. Mi siguiente destino será Caldas de Reis, llamado así en primer lugar por sus balnearios (Celenis en latín) y por ser la cuna de reyes, concretamente Alfonso VII, hijo de doña Urraca.También en Caldas aparco mi moto frente a la alameda,en obras. Visito su jardín botánico para fotografiar el balneario de Acuña desde la otra orilla del Umia, cruzo la N-550 para acercarme al otro balneario de la villa, el Dávila, construido en el siglo XVIII, un siglo antes que el anterior. Frente a su fachada hay una fuente termal pública de 1881 que fotografío. Desde el balneario continuaremos por la calle peatonal hasta llegar al puente romano, nuestra última visita de la ruta, que no del viaje.


Desde Caldas me dirijo a Padrón de nuevo pero ya no me detengo, ya que en Caldas he llamado a mi amigo Quín, que no ha podido acompañarme en esta ocasión por estar enfermo. Pretendo acercarme a Negreira en donde vive, villa de la que ya hablamos en nuestra ruta de los Pazos publicada en el número 99 de Solo Scooter y que pertenece a otro de los Caminos a Santiago.

Tomando una cerveza en compañía de mis buenos amigos Feli y Quín, me despido de vosotros hasta el próximo Camino. El último Camino que realizaré con los colegas del MC Os Bravús será el Francés, desde O Cebreiro llegaremos a Compostela.

El Mar de Vigo

La Islas Cíes, un auténtico paraíso que forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, cierra la Ría de Vigo al océano convirtiendo ésta en un plácido mar. El Mar de Vigo ha sido objeto de inspiración para los trovadores medievales como Martín Codax:

Ondas do mar de Vigo, / se vistes meu amigo? / E ai Deus!, se verra cedo?
(Olas del mar de Vigo, / ¿Vísteis a mi amigo? / ¡Ay Dios! ¿vendrá pronto?) […].

Pero el Mar de Vigo es famoso por el puente de Rande, además en el lugar en donde se sitúa el mismo se libró la batalla de idéntico nombre. En 1702 arribaron al puerto de Vigo 19 galeones españoles cargados con 4.000 kilos de plata en monedas de a ocho, llegaban protegidos por 23 barcos de guerra franceses. Los corsarios ingleses y holandeses pretendieron hacerse con el botín entablando una lucha en la que participaron unos 100 navíos. Parte del tesoro lo llevaron los ingleses y parte se recuperó, pero el grueso de monedas descansa en el estrecho de Rande. Hoy en día muchos caza tesoros han intentado apropiarse de la plata, pero hasta el momento tan sólo el Capitán Nemo consiguió apoderarse del mismo, en las páginas de 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne.


Otra de las joyas que atesora el Mar de Vigo es el conjunto de islas de las que os hablé antes, aunque la más conocida es la de San Simón, son tres más. Estas islas fueron habitadas por monjes desde la Edad Media, luego con el desarrollo del puerto de Vigo se convirtió en lazareto y finalmente en campo de concentración en la Guerra Civil Española. Pero el recuerdo que os llevéis de San Simón no merece ser éste, así que deciros que al igual que su mar, la isla inspiró a otro trovador, que compuso la poesía para mí más bella de las Cantigas de Amigo galaico-portuguesas, que fue Mendiño:

Sedia-m'eu na ermida de San Simión / e cercaron-mi as ondas, que grandes son./ Eu atendend'o meu amigo. E verrá?
(Estando yo en la ermita de San Simón / me cercaron las olas que grandes son / y yo esperando por mi amigo ¿Y vendrá?. […]

1 comentarios:

Kurt dijo...

Sentín moito non poder acompañarte nesta ruta. Coido que é a primeira que falto. Agardo non faltar máis.

Unha aperta.