Baixa Limia y norte de Portugal

La vía XVIII del Itinerario Antonino que unía Astorga con Braga en época romana marca nuestra ruta, ya que en ella encontraremos la mayor parte de los monumentos y lugares que visitaremos, siendo además la primera ruta internacional de los Bravús, ya que incluye la visita al Parque Nacional portugués de Peneda Gêres.

Ruta moterus


Nuestra crónica, en la que el mal tiempo ha marcado en muchos aspectos su desarrollo, comienza el domingo de Carnaval con un temporal digno de nuestro apodo con vientos de más de 130 kilómetros por hora y lluvias torrenciales. Nuestro punto de partida ha sido en esta ocasión Lalín, pueblo en el norte de la provincia de Pontevedra famoso por su cocido. Precisamente un buen cocido había reunido a cuatro de los protagonistas de nuestro viaje en una comida organizada por el MC Milladoiro y el foro grandink.com con los que estamos hermanados los de escúter.tk. Así que Ana y Rafa al igual que Feli y Quín nos esperaban a Rosa y Manu y al que os escribe para partir hacia Ourense y allí tomar dirección a la frontera con Portugal. Vientos fuertes, sobre todo en los viaductos que jalonan el recorrido y lluvias moderadas, junto con momentos de sol , nos han acompañado hasta nuestra primera parada en Celanova, momento en el que ya había caído la noche. Poco antes de llegar a Celanova nos encontramos un árbol caído, víctima inocente al igual que nosotros del clima extraño que padecemos. Un policía local marca con su vehículo en la salida de una curva con poca visibilidad el obstáculo y tan separado del mismo que Manu casi se da de lleno con el árbol al retornar al carril derecho. Pero sigamos con nuestra ruta, llegamos a Celanova, pueblo ourensano que conserva una pequeña joya en la huerta de su monasterio, la capilla mozárabe de San Miguel, construida por San Rosendo en el año 940, y digo pequeña no por su importancia, sino por su reducido tamaño. Aquí tomamos café para atenuar el frío y salimos en dirección a nuestro alojamiento en Lobios. En nuestro camino por la N-540 cruzamos Porto Quintela, lugar en donde se asienta Aquis Querquernis, mansión e importante estación balnearia que junto con una ciudad y un campamento romano fueron fundados en el año 50 d.C. ; hoy se encuentran anegados por las aguas del embalse de As Conchas. Este embalse cubre también otros vestigios de época romana, a pesar de haber sido declarados monumentos histórico- artísticos. Muy próxima a esta aldea, se encuentra otra llamada Santa Comba de Bande, de la que hablaremos más tarde y que no debemos confundir con Bande, capital municipal dejada unos kilómetros atrás. En As Conchas, pueblo que da nombre al embalse, llenamos los depósitos de nuestras motos para la ruta del día siguiente.

Por fin llegamos a nuestro destino en Lobios, en donde nos alojaremos en el hotel Lusitano, un referente en la zona por la excelente relación calidad-precio de su restaurante y alojamiento. Acomodamos las monturas y nuestras pertenencias para después de un momento de descanso bajar a cenar a su restaurante que creíamos cerrado por ser domingo, pero que se encuentra abierto debido a las fiestas de carnaval. Tras la cena, salimos a tomar unas copas por el pueblo, pero la oferta de ocio nocturno no es abundante, así que después de un rato en excelente compañía, decidimos ir a dormir para estar al día siguiente más frescos. De mañana desayunamos en el hotel y cuando vamos a subir a las motos, aparece el primer incidente del día, el baúl de mi X8 ha quedado abierto accidentalmente y ha agotado la batería, una hora perdemos buscando unas pinzas que finalmente encontramos en el único taller mecánico del pueblo.

Una vez solucionado el problema, ponemos rumbo a la frontera de Portela do Home, en donde se encontraba la desaparecida villa termal romana llamada Aquis Originis, en su lugar se encuentra el balneario Lobios Caldaria a orillas del Río Caldo. El nombre del río no es casual ya que en su orilla las aguas brotan a 66 grados centígrados. Se ha aprovechado esta circunstancia para atenuar la temperatura con agua procedente del río y construir una piscina abierta al público y gratuita a escasos cincuenta metros del balneario, en donde uno puede bañarse en cualquier época del año. No paramos en este lugar debido al retraso horario pero sí apenas un kilómetro más adelante para contemplar una impresionante cascada que surge de las montañas a nuestra izquierda. Posteriormente seguimos en dirección a la frontera para detenernos en un nuevo vestigio de tiempos romanos, se trata de un bosque de miliarios, mojones que se colocaban en sus caminos cada milla, cada mil pasos. Estos miliarios poseían inscripciones alusivas a gobernantes o héroes romanos, así como la distancia entre las ciudades origen y final de la vía; se desconoce el motivo por el que se encuentran tantos y tan próximos en este lugar, la hipótesis más razonable es que aquí se encontraba la cantera en donde se tallaban para luego enviarlos a su lugar de destino. En este lugar así como unos metros más adelante a nuestra izquierda podemos ver la antigua vía romana en muy buen estado de conservación, como decíamos en la introducción, se trata de la Vía XVIII del emperador Antonino Caracalla que unía Astúrica Augusta (Astorga) con Braccara Augusta (Braga).

La carretera que une la estación termal con la frontera está poco transitada, lo que hace que su firme presente un abandono importante, pese a ello conseguimos llegar a la frontera. En la actualidad, el paso fronterizo de Portela do Home está semiderruido, los edificios vallados y cerrados a cal y canto, ni siquiera podemos hacer una foto al típico cartel que indica el nombre del país al que accedemos, con las estrellas de Europa sobre fondo azul, ya que no existe, tan sólo vemos el indicador del Parque Nacional Peneda – Gerês. El parque tiene una superficie de 72.000 hectáreas y es el único de Portugal, hay otros lugares protegidos, pero este es el único que ha conseguido la declaración de Parque Nacional en 1971. La desolación de la frontera contrasta con el paisaje que a partir de aquí podremos ver: robles, pinos silvestres, lirios, encinas y un largo etcétera de especies tanto de flora como de fauna hacen de éste un lugar único y digno de visitar. Cruzada la frontera, nuestra ruta transcurre por una carretera forestal recientemente asfaltada. Por su escasa anchura y para cuidar este espacio protegido, está prohibido detenerse en todo el recorrido desde la frontera hasta el pueblo de Gerês, circunstancia que nosotros respetamos, pero no así los ciudadanos lusos, que detienen sus coches en el primer lugar que se les ocurre, bien sea para fotografiar las numerosas cascadas, torrentes y lugares pintorescos que podemos observar desde nuestras motos o para lo que deseen, cuando en todo el recorrido se advierte la prohibición de detenerse, a excepción de los apicultores propietarios de los cientos de colmenas que se encuentran a ambos lados de la carretera. De todas formas, Ana consigue unas aceptables fotos en marcha para mostraros.

Al final del recorrido por la parte más frondosa del parque, en el único lugar en donde se puede uno detener, se encuentra Portela de Leonte, un área recreativa en donde se pueden dejar las motos e iniciar una interesante ruta de senderismo de unas dos horas ida y vuelta, que obviamente no realizamos, ya que hay que aprovechar que no llueve para practicar nuestra afición preferida, que es viajar en scooter.


Después de pasar el área recreativa, la carretera inicia un descenso vertiginoso, con curvas cerradas que nos recuerdan más a los Alpes o los Pirineos que a Portugal, que nos llevará a la villa termal de Gerês. En ella tenemos varios hoteles de estilo decimonónico y varios spas que aprovechan las aguas medicinales del lugar, ricas en flúor, recomendadas para el hígado y el aparato digestivo. Fotografiamos el lugar en donde se encuentran las fuentes de donde beben desde hace decenios los visitantes, unos carteles nos sorprenden mucho ya que de estar escrito en gallego dirían “prohibido orinar en los vasos”, queremos creer que no será esto lo que quieren prohibir, sino otra cosa que nuestros conocimientos de portugués nos impiden saber.

Después de tomar un café, tomamos dirección Braga al borde del embalse de Caniçada, en donde existen puertos deportivos con pequeñas embarcaciones de recreo. Esta ruta muy bien podría llamarse la ruta de los embalses, pues hemos pasado por la orilla de tres de ellos en Portugal, llamados barragems y dos en España. Cruzamos el embalse y por una carretera empinada y estrecha vamos en busca de la N-103, Braga – Chaves, para tomar dirección a esta última.

Nuestra pretensión era llegar a Montealegre a la hora de comer, pero hay que tener en cuenta que en Portugal, como en Canarias, el reloj marca una hora menos y los horarios de comidas aquí son más europeos, con lo que el almoço como aquí se llama se adelanta, así que paramos a una hora prudente en el camino. En los casi veinticinco años que llevo visitando el país vecino nunca había comido regular y caro, así que algún día tenía que ser, pasemos mejor por alto este momento de la ruta, ya que probablemente estaríamos ante la excepción que confirma la regla de que en Portugal se come estupendamente. La carretera nacional tiene un firme irregular hasta llegar a la desviación de Montealegre, en donde encontramos una excelente carretera incluso hasta llegar a la frontera con España. El pueblo de Montealegre está situado en una loma que domina un extenso valle, en la cima su castillo nos espera con un frío poco acogedor. El pueblo es bonito, pero no compensa la cantidad de kilómetros que hemos hecho, es más fácil acceder desde España. Ya está cayendo la noche y todavía nos quedan unos treinta kilómetros por carreteras secundarias, aún así paramos en Randín a recuperar fuerzas, para continuar camino hasta Calvos, en donde la carretera se encuentra en obras. Un cruce de esta carretera se ha convertido en rotonda y los operarios se han olvidado de colocar cualquier tipo de indicador, así que al llegar a este punto nos asalta la duda ¿Qué carretera tomar?. Una vista rápida a las posibilidades y propongo tomar la que presenta mejor firme, naturalmente la equivocada. Después de recorrer diez kilómetros y pasar por varios pueblos fantasma, por fin decidimos parar y preguntar. Son cuatro los coches que pasan y ninguno el que para a socorrernos, así que lo prudente es retornar a Calvos de Randín y allí preguntar. Por fin la suerte nos visita, en un coche aparcado en uno de los pueblos desiertos, hay un paisano que nos indica la buena dirección, efectivamente debimos de haber tomado la carretera en peor estado, es la ley de Murphy. Regresamos a la rotonda y enfilamos en dirección al hotel, no es tarde pero ya es noche cerrada. Para complicar las cosas, la carretera tiene gravilla suelta, cosa que me pone particularmente nervioso.

Con precaución, llegamos a Bande para ir en dirección a Lobios. Tras nuestra llegada, una nueva cena excelente y a buen precio nos esperaba, así como otra noche de copas, pero menos que el día anterior, ya que el cansancio hacía mella. En la cena y dadas las predicciones meteorológicas para el día siguiente, decidimos anular la ruta prevista y viajar en dirección a casa, parando previamente a comer en Vigo con otro Bravú, nuestro amigo Gustavo.

Quín y yo decidimos madrugar un poco para ir a visitar la iglesia de Santa Comba de Bande. Salimos del hotel con lluvia, recorriendo los seis kilómetros que nos separan del templo visigótico, para verlo por dentro llamamos al número de teléfono que aparece indicado en su puerta y en breves minutos se acerca una señora a mostrarnos el interior de esta maravilla. La Iglesia de Santa Comba perteneció a un desaparecido monasterio, fundado a mediados de siglo VII o incluso antes, si nos atenemos a una referencia documental del 982. Es seguramente la única iglesia sueva que se conserva íntegramente; aunque sufrió varias reformas posteriores, la estructura primitiva está conservada. El ábside está precedido de un arco de herradura sostenido por cuatro columnas de mármol de época romana, probablemente procedentes de un templo anterior, contiene además pinturas al fresco que parecen románicas. En el brazo derecho del crucero posee un ara romana que sostuvo en un primer momento el altar, remodelado con la reforma del Concilio Vaticano II; en el izquierdo se sitúa el sepulcro de San Torcuato, que según nos informa la señora fue discípulo de Santiago y primer obispo de Europa Occidental. Los peregrinos que aquí acudían a venerar los restos del santo, rascaban su sepulcro pues creían que la piedra tenía propiedades curativas. Nuestra guía nos recuerda constantemente que no recibe ninguna ayuda por parte de la administración, así que previa propina equivalente al precio que hemos pagano por este ejemplar de Soloscooter, abandonamos el lugar en dirección al hotel en donde ya nos esperan nuestros compañeros para continuar viaje.

Rumbo a la frontera portuguesa de Castro Laboreiro, hemos de cruzar de nuevo el río Limia, nuestra tierra está repleta de leyendas, y en todas nuestras crónicas os he mencionado al menos una, así que esta no sería menos. El río Limia, que da nombre a esta comarca, fue identificado por los geógrafos e historiadores romanos Plinio y Estrabón como el mitológico río Lethes del que se decía que aquel que lo cruzase perdería la memoria, con lo cual no regresaría a su tierra. La primera campaña romana en Gallaecia (Galicia) peligró por esta creencia, las tropas al mando de Décimo Juno Bruto se negaron a avanzar al llegar al Limia, el general romano al ver esto cruzó el río y al llegar a la otra orilla comenzó a llamar uno a uno a sus centuriones para demostrar que no había perdido la memoria; este hecho marca simbólicamente la dominación romana sobre Galicia.

Nos dirigimos a Entrimo para desde allí cruzar la frontera hacia Castro Laboreiro, pueblo que conserva un puente medieval y un castillo, este último en ruinas. Ni en Entrimo podemos fotografiar su iglesia barroca debido a la lluvia, ni en el pueblo portugués podemos hacer fotos debido a la niebla, así que tomamos un café y desde aquí continuamos rumbo en pos del Padre Miño, que separa el sur de Galicia del noroeste luso. Nuestra intención es llegar a la A-52 para comer en Vigo, pero obras en la carretera nos impiden llegar a A Cañiza, por lo que tenemos que seguir el sinuoso cauce del río, circunstancia que nos demora sensiblemente. Como podéis ver, esta aventura portuguesa ha estado repleta de mal tiempo e incidentes, que se han salvado afortunadamente con tan sólo pérdidas de tiempo.


Una vez llegados a Vigo, nos dirigimos a Chapela, pueblo pegado a la Ciudad Olívica, en donde se encuentra el restaurante propuesto por Rafa, con hermosas vistas a la ría de Vigo y al puente de Rande. Pedimos el menú del día por catorce euros que incluye además de unos estupendos primeros, un generoso arroz de marisco, ya tenemos otro referente gastronómico para la lista que podéis encontrar en www.escuter.tk. A los postres, Gustavo tiene que abandonarnos, ya que tiene hora para la práctica del A, necesario para que pueda rutear en una próxima ocasión nosotros por el vecino país, ya que allí no existe la convalidación, en el momento de escribir esta crónica, nuestro amigo ya ha obtenido el permiso, hecho que naturalmente celebramos todos los bravús, ya que a día de hoy creo que ya no queda ningún convalidado en el grupo. Rendidos pero satisfechos, continuamos viaje en dirección Santiago, aunque todavía nos queda una parada más en casa de la madre de Manu, que nos invitará a uno de los manjares típicos del carnaval, las filloas. Desde su casa, ya sin Quín y Feli que en la A-9 a la altura de Padrón nos dijeron adiós, retornamos a casa después de tres días intensos, con cerca de mil kilómetros más a nuestras espaldas. Y esto es todo hasta una nueva ruta, que a buen seguro podréis leer en ésta nuestra revista, saludos en v’sss.