Ruta del Finisterrae

Iniciamos un recorrido el verano del 2006 por los faros de la provincia de A Coruña que comenzó en Cabo Touriñán, el Finisterre geográfico de España, que no de la Península Ibérica. Esto implicaba que desde Touriñán hasta la desembocadura del río Ulla en Padrón, límite con la provincia de Pontevedra, quedaba mucha costa por recorrer, así que el camino se hace andando, y hoy hemos arañado un poco más de costa, al recorrer desde Touriñán hasta la Playa de Carnota.

Ruta moterus

A las nueve en punto estábamos citados en la gasolinera Galp del Polígono de A Grela – Bens Son muchos los que faltan a la cita de hoy, ya que por diversos motivos no han podido venir. La mañana se presenta como esperábamos, fría, con niebla y con ese calabobos que en Galicia llamamos orballo, esta palabra melancólica que al igual que su manifestación climatológica nos entristece, nos rodea de morriña contagiada por nuestro estado de ánimo.

Partimos con cierto retraso de Coruña para llegar a escasos diez kilómetros pasado Vimianzo, famoso por su castillo al que hemos hecho referencia en otras ocasiones, en donde nos encontraremos con los de Santiago. A nuestro paso por Vimianzo, tenemos parada obligatoria en el bar de siempre a tomar café. Su dueño, recordad que está traqueotomizado, no pierde su buen humor, da gusto rodearse de gente que te infunde alegría, sobre todo ahora, nos hace una demostración de malabares una y otra vez con un plato, boxea (metafóricamente) con un cliente... Llevo años parando allí, y es uno de esos sitios en los que, aunque pases mucho tiempo sin ir, parece como si lo hicieras ayer.

Al llegar al punto de encuentro, el cruce de Berdoias, en donde hemos quedado, estamos solos, lo que nos obliga a buscar refugio para la lluvia, porque desde que salimos de Coruña no ha cesado. En apenas diez minutos llegan, lo de siempre, saludos, presentaciones y ya estamos en ruta hacia nuestra primera parada, Lires, paraiso de tranquilidad y sosiego en el Camino de Santiago, concretamente en su último tramo de Fisterra a Muxía, del que muchos se olvidan.

El paraíso en la tierra, ¿Para qué ir al Caribe, si las playas con mayúscula están en Galicia? arenas blancas, playas salvajes. ¿Qué más se puede pedir? Pero a lo que íbamos, la llegada a Lires no ha estado exenta de percances, los del furgón de cola se pasaron en un cruce y los que se percataron han ido a buscarlos, así que al rato reunificación en la entrada de la aldea, justo delante de los bungalós de madera, que junto a tres casas de turismo rural son la oferta hotelera de Lires. Bajamos por las calles estrechas hasta la iglesia y allí torcemos a la derecha para cruzar el puente sobre el río, su desembocadura nos ofrece un paseo idílico rodeado de árboles y agua. Justo al llegar a la playa, una pista de tierra y cemento nos lleva al aparcamiento de un bar, en invierno cerrado, en donde situamos nuestras monturas para la foto.



Los fumadores no pierden el tiempo y los demás hacemos fotos, charlamos y lo de siempre, se está muy a gusto pero queda mucho que ver, así que nos vamos por donde hemos venido, hasta la iglesia en donde ya tenemos indicadores que nos dirigen a Fisterra vía Sardiñeiro, pasando por la famosa playa de “O Rostro”. Una vez llegados a Sardiñeiro torcemos a la derecha en dirección al Faro primeramente en donde nuevamente hacemos unas fotillos.



El faro del Fin del Mundo, otro más a añadir a nuestra colección. Al igual que en el tejado de la Catedral de Santiago, en Finisterre los peregrinos quemaban su ropa como símbolo de abandono de una vida para comenzar otra libres del pecado. En la ascensión al faro tenemos un monumento a los peregrinos, y en las rocas otro “monumento” a sus enseres, una bota. El entorno del faro se ha mercantilizado, además del hotel en el semáforo de señales, se han construido edificios para albergar tiendas de souvenirs que no pegan ni con cola en el paisaje. En nuestra visita nos acompaña música de fondo.


Desde el faro nos dirigimos al puerto y allí tomamos un tentenpié en el restaurante “O Centolo” en donde nos sirven unas tapitas de arroz que están para chuparse los dedos, ¿o es que tenemos ya hambre?.... Desde el restaurante las vistas al puerto son inmejorables, podemos ver los barcos y las motos en un día desapacible, con mucho viento y mar picada de fondo que hace que en esta parte el agua parezca la noche.

Salimos de Fisterra en dirección Cee pasando por Sardiñeiro de nuevo y a continuación Corcubión. Todo este tramo, al igual que el siguiente se realiza al borde de la costa, con unos paisajes que por sí solos ya merecen haber planificado nuestro recorrido por aquí, ahora bien, la niebla y la lluvia se han tornado ahora sol, pero con un acompañante poco deseable, el viento, con rachas fuertes de imprevisto que hacen moverse a más de uno peligrosamente hacia el carril contrario. En Cee tomamos a la derecha en dirección Muros, poco después del cruce algunos paran a repostar la cartera en el cajero. Desde Cee a Caldebarcos, en donde está el restaurante “Casa da Crega”, el viento no sólo no cesa sino que ahora se intensifica, sobre todo al pasar Ézaro y O Pindo, a donde regresaremos por la tarde. Pues bien, con media hora de retraso llegamos a comer, mesa puesta y comida preparada, pero hay que desahogarse y lavar las manos, así que nos dirigimos a los servicios en la parte de atrás del restaurante, una almeja y un percebe nos ponen claro cuál es el baño que tenemos que usar. Pero sigamos, el menú pulpo con almejas de primero para quitarse el sombrero y luego paella de mariscos y parrillada de pescado.

El ágape nos sirve para intercambiar anécdotas, hablar de curas, historia y política y además, qué casualidad, de motos, de nuestro foro y de tantas cosas más... postres variados y café de puchero sin chupitos que hay que subirse de nuevo a las burras. Mientras, a alguno le da tiempo de pasear por la playa que está detrás justo del lugar en donde hemos comido, el inicio de la extensa playa de Carnota.



Los presentes no parecen tener prisa y la sobremesa se alarga, pero hay que continuar, así que se hace caja y en poco tiempo ya estamos de nuevo sobre las motos para hacer frente de nuevo al intenso viento. La primera visita de la tarde nos obliga a retroceder hasta El Pindo, pueblo al que da nombre el mítico monte en donde la leyenda coloca el Olimpo Celta. El monte de 641 metros se encuentra al borde del mar, en sus caminos podemos ver amilladoiros (montículos de piedras) llamados en gaélico “cairn” de donde es posible venga el nombre de Carnota.

Pasado este pueblo, cruzamos el puente sobre el río Xallas y en el comienzo de Ézaro viramos a la derecha en dirección a la Central Eléctrica del Xallas, situada en la base de la cascada que produce el río en su desembocadura. La presa se abre en verano los fines de semana por la mañana y por la noche para que los turistas puedan observar cómo caía el agua antes de construirse la presa que está en su parte alta. Una visita a Galicia sin acercarse a este lugar mágico no es visita. Y mágico es también el mirador que se alza en la parte superior desde donde se observa una perspectiva de la desembocadura del Xallas realmente impresionante.



Se hace tarde, hay que ir regresando a casa y para ello decidimos evitar la costa y así tratar de evitar el fuerte viento, por lo que nos dirigimos por el interior hacia Santa Comba, para ello cruzamos el dique del embalse y siguiendo siempre la carretera principal a la izquierda llegamos a A Picota, tomamos a la derecha y llegamos a Pino do Val, en donde repostamos para acometer el final de la ruta, aquí nos despedimos de los que se dirigen a Negreira y Vigo, todo de frente en A Pereira para los de Coruña y ellos giran a la izquierda. Este camino se realiza también con mucho viento, el cielo encapotado amenazando lluvia, así que el frío aparece ahora.

Los de Coruña, antes de llegar a Santa Comba giramos a la derecha para evitar el pueblo en dirección Coristanco, el ritmo es alegre salvo en las travesías, la carretera es virada lo que hace que hasta sea divertida. Encontramos obras de ensanchamiento de la carretera que no nos obligan a aminorar la marcha, así que en un suspiro llegamos a Coristanco y por ende a la carretera de A Coruña a Finisterre aquí cada cual ha tomado camino por donde mejor le venía, así que todos para casita y fin de la jornada.

Fotos de Joaquín Caamaño y Gustavo Loira.Ruta realizada en el verano de 2007.